
Que irónica resulta la vida cuando el mismo juez que cerró la revista Kale gorria, que investigaba las conexiones entre PP y grupos violentos de ultraderecha, va a ver su carrera profesional truncada por aquellos mismos a los que tanto ayudó con sus sentencias mediáticas contra el “enemigo vasco”. El juez estrella del progresismo español, aquel que se inventó el término “entorno” para poder encarcelar a jóvenes sin pruebas, el mismo que cerró todo tipo de asociaciones culturales, políticas o de comunicación bajo el lema “todo es ETA”, es hoy vitoreado por el progrerío español. Nada les importa ya, parece ser, que todas aquellas asociaciones hayan sido absueltas de las condenas a las que él las sometió, sin pagar ningún tipo de condena por sus prevaricaciones, pero ya se sabe, un país cutre y casposo, está lleno de progresistas cutres y casposos.
Y es que en el fondo es normal, que el progrerío español se vuelque con un juez que ha amparado sistemáticamente la práctica de la tortura a detenidos, porque los progres españoles, sinceramente, no saben esa faceta de Garzón, lo único que saben de Garzón es que luchó contra ETA, porque la tele les ha dicho siempre, que aquellos a los que el juez estrella detenía valientemente eran de ETA. Estos son los mismos progres que en su día abuchearon públicamente a Fermín Muguruza por denunciar el cierre ilegal de Egunkaria, ¿por qué? porque al indocumentado progrerio español les había dicho la tele que Egunkaria era ETA, y en esas estamos, los pobres progresistas españoles vitoreando a un torturador impune. Ahora se las está viendo en un caso cuyo contexto resulta aberrante, pero no deja por ello de llevar en su pecado la penitencia. De todos modos, la lógica y el sentido común dice que Garzón no debería ser juzgado hoy por investigar el franquismo, sino por amparar la práctica de la tortura a sabiendas de que lo hacía.
En este espectáculo que estamos viviendo tan lamentable, entre fascistas que denuncian a torturadores y progres que defienden a torturadores, y sumándole la absolución de Camps ayer, uno puede entender por qué en el ranking de independencia judicial de la OCDE España ocupa el puesto 54, por debajo del Egipto de Mubarak, la dictadura de Arabia Saudí o Togo, y un puesto por delante de la prebélica Irán. ¿Alguna sorpresa? Bienvenido a Españistán.

























